Tranquilos
que la única ave que hay en la comida es pollo.
La
primera vez que probé y supe de este guiso Canario fue en Lanzarote. Allí mis
pies pisaron la tierra más joven sobre la que he estado nunca, pues los
volcanes de esa isla pequeña en extensión, pero rica en variedad de paisajes y
de gentes, hace no muchos años con las últimas erupciones, tiñeron de magia la
tierra y ganaron espacio al mar.
Solo
es un poquito de lo que da esa tierra negra. Pero, ¡que bueno está cuando lo
hacen las manos de una madre!… (aunque no sea la propia).
Asomándose
al puchero encontramos:
Unos
300 gr de garbanzos.
Medio
kilo de carne de ternera y otro medio kilo de pollo.
4
piñas de millo, choclo o maíz.
Un
trocito de col.
2
zanahorias medianas.
Un
cuarto de judías verdes.
Un
trozo pequeño de calabaza.
Medio
calabacín.
Medio
kilo de papa o patatas, en trozos grandes.
Un trozo
de pimiento verde.
Se
sofríe en una olla grande con un buen chorreón de aceite una cebolla en trozos
grandes, una cabeza de ajos entera y el pimiento verde.
Cuando
esté un poco mareado se añade la carne que se habrá salado el día de antes para
que haya cogido el punto, y a continuación el resto de los ingredientes.
Se
cubre bien de agua, se sala y a hervir hasta que este todo tierno.
El
guiso Canario requiere de su tiempo, que se haga despacito, que salga un buen
caldo.
Se
sirve y come según gustos. A mi, con caldo en el plato, sirviéndome un poco de
carne, ahora un poco de verdura, unos pocos garbanzos…
´Fotografía y receta de Natalia.
Os
adelanto que con estas cantidades podéis invitar a los vecinos a comer del
guiso; o tener garantizada la comida de la semana.
Una
de las cosas que se pueden hacer durante las 7 u 8 horas de tránsito que le
puede tocar hacer a uno en el aeropuerto internacional de Sao Paulo, es
disfrutar del Pão de Queijo, pan de queso o pan de yuca. Bueno,
también se puede buscar una zona de embarque tranquila para echar un sueñecito,
o pasear por las tiendas duty free…
“El pão de queijo o pan de queso es una receta típica de los
estados brasileños de Minas Gerais y Goiás. No se sabe ciertamente su origen,
pero se especula que existe la receta desde el siglo XVIII, más se popularizó en
el Brasil a partir de la década de los 50”
Por
unos reales se puede comprar dos o tres de esos panecillos y compensar en algo
la espera (y un cortado).
Me
han pasado esta receta:
Bien
fácil de hacer en casa. Se mezcla todo junto con la batidora o algún otro
aparato similar, salvo la mitad del queso que se lo añadimos después de estar
todo mezcladito y removiendo con una cuchara. Así se quedarán esos trocitos de
queso fundido entre medias al hornear. Sal, como siempre, al gusto.
La harina de almidón de mandioca es muy habitual en la cocina sudamericana; en otros países se puede encontrar en tiendas donde venden productos de esta zona.
Saldrá una masa líquida similar al de las magdalenas, que echaremos en moldes metálicos o de silicona usados también para estas últimas. Al horno un poco pre-calentado, a 150º o 170º, encendido por abajo y en 25 minutos, 30 a lo sumo deben de haber subido. Que esté el pan de yuca o pan de queijo dorados por encima.
Qué
aroma recién hechos!!!... Qué cosa más rica!!!...
Creo
que nadie puede decir que le gusta cocinar si nunca ha intentado o ha hecho su
propio pan.
Se
que con las prisas del ir y venir, con lo fácil que es echar mano del que hay
en las estanterías de los supermercados o de la panadería que se encuentra más
o menos cerca, no suele ser una opción, pero…
Imaginaos
uno de esos días en los que no apetece salir de casa, pero tampoco estarse
parado, quizás un día de otoño, o de invierno… o simplemente un día que nos
encontramos hogareños… Qué bueno decir: voy a hacer pan casero!!!
Es
tan sencillo… pero tan reconfortante. Pero advierto: hay que mancharse las
manos! No valen aparatos en este caso. Tenemos que imprimirle a la masa nuestra
buena energía, hacerlo con cariño, para nosotros y los nuestros.
Empezamos
por entibiar unos 400 cl. de agua en los que disolvemos dos cucharadas soperas
de azúcar. Mezclamos ahí con los dedos unos 30 - 40 gr. de levadura fresca que es fácil
encontrar en supermercados y panaderías. El agua debe estar, como digo, solo
entibiada, a la temperatura de la mano o poco más; si no, estropearemos la
levadura.
La
dejaremos en el recipiente donde vamos a amasar durante una media hora a ser posible tapada, en zona templada, sin corrientes de aire que la enfríe. Durante este
tiempo se desarrollará la levadura alimentada por los azucares y hará que el
pan leve mejor.
Mientras
podemos ir preparando otros ingredientes y disfrutar de un primer café.
Pasado
este tiempo, en el que posiblemente la mezcla haya adquirido un aspecto
espumoso, empezaremos a irle añadiendo los aproximadamente 900 gr. de harina de
fuerza o de 000 (tres ceros) que vamos a utilizar; pero no todo de golpe. Podemos
empezar por la mitad, y ahí añadimos una o dos cucharadas de aceite y una
cucharadita de postre bien colmada de sal. Y ya os he dicho todos los
ingredientes…
Lo
vamos mezclando todo bien. Primero estará la masa muy pegajosa, pero a medida
que le vamos añadiendo la harina resultará más fácil el trabajarla. Cuando le
hayamos añadido toda la harina, podemos sacar la masa del recipiente en el que
empezamos y seguir amasando en una mesa o tabla de cocina (sin dibujo). No nos
importe, si lo vemos necesario, espolvorear un poco de harina de vez en cuando
sobre la masa para facilitarnos el amasado.
Tenemos
que disfrutar con esto… Aquí es donde le estamos transmitiendo a la masa esa
energía de la que os hablaba antes.
Cuando
veamos que tiene una consistencia elástica, que está ya bien trabajada (no hay
tiempo, no hay prisa…) entonces le daremos la forma que nosotros queramos: de
pan redondo, más alargado, etc., colocándola sobre la bandeja del horno. Aquí
también le podemos hacer algún dibujo con un cuchillo bien afilado pero sin
profundizar mucho, apenas cortando la superficie.
Metemos
el pan en la parte media del horno y lo encendemos a unos 70º C para que leve o
suba durante unas dos horas. Y un pequeño truco… en la parte baja del horno
pondremos un cazo con un par de dedos de agua para que le de humedad a la masa.
Así evitamos que se reseque la superficie y haga una costra que impida que
suba.
Mientras, nos preparamos un segundo café, leemos un poco o podemos escuchar algo de música:
L.V. Beethoven - Sinfonía 7 en La mayor, Op. 92 II.- Allegreto
Al
cabo de esas 2 horas presentará un aspecto más o menos como este:
Pan leudado
Entonces
sacamos el cazo y pasamos a la fase de horneado del pan, a 175º durante unos tres
cuartos de hora o una hora. Aquí también habrá que ir viendo (sin abrir el horno), pues dependerá de algunos factores como el tipo de horno, si es de gas o eléctrico,…
Pan casero ya listo
Os
aseguro que es un pequeño esfuerzo con grandes recompensas. El olor a pan recién
hecho por toda la casa, la satisfacción de hacer algo tan básico, tan
necesario. Os animo. Me lo agradeceréis…
Antes
todo era más sencillo, sin complicaciones, más amigable. Eso incluía también
las celebraciones entre familias y amigos. Así se juntaban en torno a una buena
mesa quizás abuelos, seguro padres, hijos, nietos, amigos… y agregados… y de
forma alegre se compartían alimentos una vez hechos por los anfitriones, otras
de lo que cada uno traía, sin trajes, sin menús, sin cuentas. En estas
celebraciones todos se conocían, cosa que no pasa ahora…
Un
plato que no ha faltado en la celebración de bodas el la llanura manchega, en
España, ha sido el famoso guiso de bodas o guiso de las bodas de Camacho,
llamado así por la referencia que hace a este plato El Quijote de Cervantes:
"Cuando
el festín hubo acabado, dioles Camacho a la servidumbre permiso, para preparar
su comida, cogiendo lo que quisiesen de sus corrales y celebrar así también
ellos, con un guiso, la boda de Camacho. Con tal atino, se dispusieron a tirar
del cuello y desplumar a todas las gallinas que aún quedaban,…"
En
grandes ollas de porcelana se guisaba esta comida para todos; plato único. Si
acaso luego algún dulce con mistela.
Con
apenas un poco de pollo, patatas, y albóndigas lo tenemos hecho. Pero la
sencillez no le quita lo exquisito a este guiso de bodas con sabor a madre, a
abuela, ahora tan olvidado y buscado.
Empezaremos
por freír el pollo en trozos pequeños-medianos en una sartén. Para unas cuatro
personas podemos usar entre medio pollo a tres cuartos. Se puede usar
indistintamente pollo o gallina; si se escogemos esta última, habrá que hervir el guiso
durante más tiempo.
A mi
me gusta salar los sofritos que luego van a hervir pues con el agua no siempre
cogen bien la sal.
Cuando
esté un poquito hecho, lo retiramos pasándolo a la olla donde va a cocinarse, y
en ese mismo aceite sofreímos una cebolla grande cortada en cuadraditos
pequeños.
Echamos
el sofrito de cebolla a la olla donde está el pollo junto con agua suficiente
como para cubrir todos los ingredientes. Ponemos al fuego mientras molemos una
cucharada de pimienta en grano y unas 15 a 20 almendras. Lo podemos machacar en
el mortero o si tenemos prisa en una picadora o aparato similar. Añadimos
también 6 o 7 hojas de laurel.
Pelamos
y troceamos unas tres patatas grandes y… a la olla!!!... (acordaros de cómo se
trocean las patatas)
Empezamos
con las albóndigas batiendo unos tres huevos. Les picamos dos o tres dientes de
ajo, perejil, y salamos. Vamos añadiendo pan rallado hasta que obtengamos una
textura que nos permita darles forma a las albóndigas de pan con una cucharita.
Si nos queda demasiada dura la masa podemos añadirle gaseosa o agua con gas
tipo sifón.
En
una sartén con bastante aceite vamos friendo las albóndigas que les habremos
dado un diámetro de unos 3-4 centímetros. Según están doradas las podemos ir
echando al guiso y un plato menos que fregar…
De
todas formas el cocinero tiene la potestad de comerse alguna que otra seca de
aperitivo…
Despacito,
sin prisas… para que el caldo se haga y se espese. Cuando esté todo bien
hervidito, al plato, sirviendo pollo, patatas, albóndigas y caldo.
¿Cómo es posible hacer
de algo tan sencillo como el pan, un plato exquisito?
En el centro de
España, en La Mancha, tierra de buen yantar y buen beber, de molinos, de vides,
de Quijotes, los pastores y agricultores se tenían que arreglar el momento de
la comida con ingredientes sencillos y de los que podían disponer allá donde se
encontraban en ese momento: esto es un poco de pan y aceite del zurrón y
unas pocas uvas de alguna viña cercana (con o sin permiso del dueño...)
¡Oh, qué polidas cuchares
tengo de hacer cuando pastor me vea! ¡Qué de migas, qué de natas, qué de
guirnaldas y qué de zarandajas pastoriles, que, puesto que no me granjeen fama
de discreto, no dejarán de granjearme la de ingenioso! (Sancho Panza en el Don
Quijote de La Mancha)
Los más pudientes o
aquellos a los que la parienta más les cuidaba, añadían un poco de carne para
que cogiesen gusto, sofriéndola junto con los ajos antes de echar el pan.
Ustedes mismos...
En definitiva:
1 kg de pan (mejor del
denominado "pan blanco", de miga prieta sin apenas agujeros) 6 u 8 dientes medianos
de ajo 150 cc de aceite de
oliva Sal 2 o 3 racimos de uva
blanca
Hay 10000 maneras de
hacer las migas. Vamos a empezar por una intermedia en cuanto a facilidad y
rapidez, si bien no la más "purista".
Cortaremos el pan en
cuadraditos de aproximadamente un centímetro por lado y lo remojaremos con agua
hasta que estén húmedos pero no empapados. Esta es una parte importante pues si
se le echa poca agua, las migas nos quedarán resecas; si por el contrario nos
pasamos, se nos hará una masa difícil de soltar. Las tapamos con un paño,
y mientras...
Freimos los ajos sin
pelar con el aceite para que dejen la sustancia, sin prisas... que dejen su
sabor sin llegar a quemarse.
"La alicina, compuesto
organosulfurado de benéficas propiedades antibióticas y farmacológicas, es
la causante del característico fuerte olor, sabor y ligero picante
del Ajo Morado de
Las Pedroñeras, rico además, en
azufre, yodo y sílice" (www.igpajomorado.es)
Echamos las migas e
inmediatamente empezamos a remover con un cucharón. Este proceso dura hasta que
veamos que el pan se ha dorado un poquito al tostarse por fuera, pero por
dentro siguen manteniendo su humedad. Puede ser unos 10 a 15 minutos a fuego
medio-bajo. Según removemos le podemos echar la sal al gusto y rectificarla
probando de vez en cuando.
Las servimos en plato
hondo, en pequeños cuencos de cerámica o en pequeñas perolas de hierro con las
uvas.
Delicioso manjar que se come con cuchara cogiendo a la vez migas y uvas. Esperamos vuestros
comentarios o dudas. Buen provecho!!
A
cualquiera que le preguntemos que sepa sobre nutrición siempre nos dirá lo
saludables que son las legumbres. Pero es que!.. Vamos que no son fáciles de
llevar.
Sin
embargo por su casi sabor neutro la verdad es que es un ingrediente que deja al
cocinero un abanico infinito de posibilidades, pues casan con casi todo:
carnes, pescados, en ensalada (ya os pusimos un post), con cereales, entre si…
Hoy,
con unas verduritas. En este caso garbanzos con espinacas.
Además
este plato os llevará tanto tiempo como le queráis dedicar.
Que
tenéis tiempo: cocéis 400 gr. de garbanzos, previamente echados en remojo la
noche anterior, con unas hojas de laurel, media cucharadita de curry y sal;
unos cuarenta minutos en olla rápida, calculo yo. En cazo a parte ponéis medio
kilo de espinacas bien lavadas y troceadas a cocer o al vapor, a que se hagan
un poco; no mucho, que luego van a la sartén…
Esa
sartén en la que, en dos o tres cucharadas de aceite ponéis tres dientes de ajo
enteros, unas tiras finas de cebolla y los garbanzos escurridos. Mareáis un
poco y añadís las espinacas bien escurridas, sofreís para que las espinacas
pierdan un poco el sabor de la verdura y a servir.
Que tiempo
no es lo que os sobra, pues lo mismo pero con los garbanzos de tarro de cristal
que ya vienen cocidos y las espinacas congeladas o también de tarro. Vamos, 10
minutos.
Que tendrán las tardes de los fines de semana que siempre apetece comer algo dulce.
Si además hace fresquito fuera, más aún. Las manzanas asadas las puedes comer según salen del horno calentitas o en cualquier otro momento. Al táper y a la nevera (que si no se estropean enseguida).
Se cogen tantas manzanas como sea uno capaz de recopilar por la cocina o le entren al recipiente donde las vais a asar. Os recomiendo alguna bandeja metálica o de cristal por que va a soltar un jugo pegajoso que no os debéis perder.
Descorazonáis las manzanas por la parte de arriba pero sin llegar a romper por abajo porque les vamos a poner líquido y debe mantenerse dentro de la fruta. También les vamos a hincar la punta de un cuchillo en distintas parte de la pulpa de la manzana, sin llegar a romper la piel para que ese almíbar no se escape.
En el agujero hecho le vamos a poner a cada manzana un almíbar preparado con medio vaso de agua, una cucharada sopera de azúcar, una cucharada de postre de canela y media cucharadita de esencia de anís.
Si tenemos licor de anís nos podemos ahorrar el hacer el almíbar poniéndole solo junto con la canela.
Al horno a 200º C durante hora y media, o como suelo decir yo, "hasta que estén hechas".
A disfrutar de las manzanas asadas cuchara en mano. Os aconsejo que las sirváis en plato.
No es una cuestión de estética culinaria, es que así podéis apurar vosotros la jalea del recipiente, que está...
Le
podría haber puesto “Sambarí con hortalizas y laurus” que queda la mar de bien.
Pero
me diréis quien detrás de hacer algo para comer, se le ocurre poner algo así en
el buscador; y los ingenieros de Google todavía no han dado con el motor de
búsqueda capaz de traducir eso por “Ternera con patatas, zanahorias y laurel”,
que en definitiva es lo que es. Y está igual de bueno, ¡oyes!
Laurus nobilis, laurel o lauro es un arbusto o árbol perenne
de hasta 15 m de alto, perteneciente a la familia de las lauráceas, a la que da
nombre. Es originario de la zona Mediterránea y sus hojas son utilizadas como
condimento en la cocina. Otros nombres con los que es conocido son: laurel común,
del palo, laurel americano paleño o laurel de cocina, el rústico.
Es
tan sencillo de hacer que me da pena estropear un folio entero para esto:
Sofreímos
en un buen chorreón de aceite una cebolla pequeña troceada y un par de dientes
de ajo en filetes. No mucho después añadimos como medio kilo de carne de
ternera troceada y le damos unas vueltas hasta quitarle el color. En este
momento también podemos agregarle cuatro o cinco hojas de laurel para que se
impregne mejor el aroma a la carne.
Añadimos
una cucharada de las de café de un pimentón bueno que tengamos y volvemos a
remover; medio vaso de vino blanco y unos diez granos de pimienta negra.
Cuando
se haya evaporado el alcohol del vino, le ponemos al guiso de ternera agua como
para cubrir lo que ya hay, mas un par de patatas medianas y dos zanahorias.
Este
guiso admite lo que le queráis de hortalizas y verduras: unos guisantes,
judías verdes, etc…
Hervir
hasta que esté hecho (¡qué queréis que os diga!...).
Para
este guiso de ternera o novillo se puede usar de la parte del morcillo o sambarí, que queda
muy tierna por la gelatina que rompe la veta de la carne.
La
mamma a veces sustituye las patatas cocidas por unas fritas en cuadritos que
las echa en la olla poco antes de servir en el plato. Rico también.
El
pipirrana es uno de esos platos tradicionales de la cocina española que sirve
para todo.
Si
te vas al campo porque hay que celebrar el Santo del día, pues una ensalada
como esta es lo más típico de llevarse, con una buena provisión de pan para
mojar.
Que
estás de cena en algún bar como los que hay, por ejemplo, en tierras manchegas,
pues raro es que falte en la mesa para rebajar los efectos del resto de lo
pedido, que por lo general, no suele ser tan saludable.
Que
quieres alegrar algún otro plato dándole un toque de frescor, pues una base de
pipirrana es ideal. Acordaros del aspecto que tenía la “tostá de cecina” que
publicamos hace algunas semanas.
Si
bien algunos lo hacen con tomate natural, particularmente para esto prefiero el que viene
enlatado, eso si, entero. Se pueden encontrar en algunas grandes superficies
tomate entero en tarro de cristal, además de origen ecológico, de muy buena
calidad, algo más caro pero merece la pena.
A
una lata o tarro de medio kilo de tomate entero pelado, yo le echaría un generoso chorreón de
aceite de oliva, dos huevos cocidos troceados, media cebolla mediana cortada en cuadraditos pequeños (ideal si se tiene cebolletas de tallo largo), unas aceitunas verdes y negras, una cucharada sopera de vinagre y sal al gusto.
El
tomate hay que espachurrarlo algo con el tenedor, sin llegar a que quede
totalmente triturado. Bien que se encuentre algún trozo de vez en cuando.
El
puntito que yo le doy al pipirrana es ponerle una cucharadita de comino
molido. Le da un gusto buenísimo y hace todo más digestivo. Opcional también el echarle una lata de atún en aceite.
Notas
importantes:
Presentación:
sabe mejor aún si se sirve en un lebrillo o cuenco de cerámica del que todos
participan. Para los escrupulosos hay individuales.
Lebrillo de la alacena... ¡ya tenía ganas!
Metodología.
A la hora de comer esta ensalada de verano, queda terminantemente prohibido que
sea con la cuchara. Se cortan trozos más o menos regulares de pan (mejor de los
que tienen una buena corteza), se pincha con un tenedor y se pasa por el
pipirrana que quede bien cargado. De ahí
a la boca. Los más expertos pueden sustituir el tenedor por la navajilla del
abuelo.
O
como preparar un dulce para el café en 10 minutos.
Me
acaban de decir que nos invitan a comer y como no me gusta ir solo con el
plato, la cuchara y el tenedor ( ; ) ), a ver si nos da tiempo a preparar algo
para después…
Por
la zona de mi pueblo natal, todavía los panaderos reparten pan a casi
domicilio. Y digo casi domicilio por que en realidad pasean por las calles anunciándose
con el claxon del coche para que sean los vecinos los que acudan. Por lo general clientes
más o menos fijos, que usan todavía las bolsas panaderas de tela. Entrañable ver
como se agolpan alrededor de la furgoneta con zapatillas de estar por casa,
batas y rulos.
A
parte de las variedades de pan que suelen llevar, también ofrecen algunos
dulces: magdalenas, tortas de rulete, galletas de máquina, resecas…
Las
resecas son el típico dulce “tonto”, sencillo en los ingredientes y
elaboración, pero rico; de esas cosas como las pipas. Hasta que no das fin con
él, pellizco a pellizco, no paras.
Cojéis
un vaso mediano de agua y la calentáis un poquito. Disolvéis unos 10 gramos de
levadura fresca y le añadís una cucharadita de esencia de anís o un chorreón de
licor de anís, un par de cucharadas soperas de azúcar y, removiendo, un vaso y
medio de harina.
Os
quedará una especie de puré espeso. Bueno; añadís entonces en el mismo
recipiente medio vaso de aceite de girasol, una cucharadita de sal y, de
momento, otro vaso de harina. Empezáis a amasar.
Digo
de momento por que quizás tengáis que añadir algo más según veáis, hasta
obtener una masa elástica que no se pegue.
En
la mesa enharinada extendéis con el rodillo pequeñas bolas de la masa de unos 5
cm de diámetro hasta que tengan un grosor de no más de 3 o 4 milímetros. No os preocupéis de la forma. Las resecas rara vez son regulares; ahí también está su encanto.
Les
echáis por encima azúcar y, si tenéis, ajonjolí, aplastando un poco con la mano
para que se pegue. Y al horno a unos 200º C, diez minutos por abajo y otros
diez por arriba.
El
aspecto ideal es que el azúcar empiece a caramelizarse. Y deben quedar
ronchonas. Vamos, resecas; si les queda miga, es por que tenemos que darles más
horno por abajo.
Ensalada de legumbres para tomar en cualquier momento
Noto
como se cuartea la piel: frío, calor, fresco, frío, otra vez calor…
“Aquí
se puede pasar en el mismo día por las cuatro estaciones”, me advirtieron al
pisar estas Tierras.
Doy
fe.
Qué
ricas y energéticas unas judías; pero si sube la temperatura… Legumbres en
ensalada! Siempre una buena elección.
Ponemos
en una olla rápida las judías (que habremos tenido en remojo desde el día
anterior) con agua, sal, un par de dientes de ajo (que luego desecharemos) y
cuatro o cinco hojas de laurel. 45 minutos. Si no es rápida, hasta que estén
hechas, claro.
Picamos
en cuadraditos pequeños tomate, pimiento verde, pimiento rojo, cebolla y
mezclamos todo eso con las judias blancas ya cocidas y frías.
Adornamos
con unas aceitunas y unos trozos de huevo cocido. Aderezamos con vinagre de manzana (recordar las propiedades y beneficios para la salud y la dieta de las que ya hablamos en otro post) o de Módena, un buen chorreón de aceite de oliva y un poquito de sal
para la guarnición.
Mejor
si servimos después de unas horas para que la vinagreta saborice la ensalada de judías.
Está
la noche fresca y apetece algo calentito, así que voy a hacer una sopa con
champiñones y unos pimientos rojos que asé el otro día.
Usaré
como base una receta de cocina para sopas rápidas, que ya es tarde y no quiero
entretenerme mucho. Sofrío en trocitos un par de champiñones con media cebolla pequeña.
En
cuanto le haya dado unas vueltas le añado un buen chorreón de vino blanco, como
un tercio de un vaso de agua, y dejo que se evapore el alcohol.
Como
lo preparo para dos personas, le añado dos platos llenos de agua y así me
aseguro que no sobrará, que luego anda viajando la sopa de táper en táper.
Trituro ligeramente con la batidora para que se vean los trozos, y voy
añadiendo las especias según me tropiezo con ellas en el cajón: una pizca
perejil seco, media cucharadita de curry, una pizca de ajo en polvo, un poco de
ají molido, una pizca de pimienta negra molida, un par de hojitas de laurel…
Espachurro
con un tenedor un trozo de los pimientos rojos que tenía asados y lo añado al
caldo. Si no tenéis vosotros pimientos asados en casa cuando la hagáis, podéis
usar de lata. No darán tanto sabor pero servirá, y podéis añadirle algo del
jugo que trae la lata.
En
cuanto rompe a hervir, un par de puñados de fideos finitos.
Mientras
se va haciendo la pasta de está rápida receta de cocina (ya casi está!),
estrello un huevo en un plato, sin cáscara por favor, y lo revuelvo muy poco
con un tenedor.
Poco
antes de servir hago girar el caldo de la sopa de champiñones y, sin dejar de
remover, le añado el huevo semi-batido para que se queden las hebras separadas.
Cuando
escribí el artículo sobre el pan casero no imaginé que despertaría tanto
interés.
Aunque
por otro lado, como dije, es una gran satisfacción el hacer pan uno mismo
en un momento en el que se deja todo a un lado, se siente hogareño y, sin
prisas ni estrés, disfruta de algo que, en parte, nos devuelve a la niñez,
jugando con la masa, manchándonos las manos, sin pensar en otra cosa… y eso la
masa lo nota, y los que luego lo comen también.
Pero
ese ejercicio de sosiego no siempre se puede hacer.
Si
no disponemos de tanto tiempo, pero no se quiere renunciar a saber lo que
realmente se está comiendo, se puede recurrir a las panificadoras para hacer
pan diario, propio, y sin apenas esfuerzo.
Las
panificadoras domésticas se pueden conseguir por precios entre 60 y 100 euros (Cada
uno que convierta a su moneda en curso) Incluso estando pendientes de ofertas
de almacenes, más baratas.
Panificadora
Ellas
calientan los ingredientes, amasan, fermentan, vuelven a amasar, vuelven a
fermentar y hornean. La mayoría además son programables con lo que podemos
tener pan recién hecho calentito a la hora del desayuno, cuando paremos a
almorzar o al llegar del trabajo a casa para la cena.
Cubeta de amasado y horneado
Nosotros
solo tenemos que ponerle los ingredientes; pero advierto que por lo general no
hay que fiarse de las recetas que traen los libros de instrucciones de las panificadoras. Puede
uno desanimarse si las sigue al pie de la letra. Podrían salirte auténticos
ladrillos.
A
continuación os pongo una receta para empezar, si es que después de leer este artículo sentís el irrefrenable impulso de salír corriendo a compraros una. Está más que probada y es
con la que salió el pan que veis en la foto:
500
cc de agua, mejor entibiada
2 cucharadas soperas de azucar 25
gramos de levadura fresca desmenuzada
700
gramos de harina de fuerza (000)
1
cucharada de postre de sal
1 o
2 cucharadas de aceite
Mejor
si añadís los ingredientes tal como os los pongo pues nunca se recomienda que
la sal entre en contacto con la levadura antes del amasado.
También
comentaros que, si bien podríais poner el agua a temperatura ambiente pues la
mayoría de las panificadoras dedican los primeros 20 minutos a calentar los
ingredientes, he notado que si ya va el agua un poquito caliente, el pan sube
más.
En
la segunda parte de este artículo procuraré poneros algunos enlaces donde
conseguir panificadoras.
Que
seáis felices.
P.S.
Al pan de la foto le añadí unas cuantas semillas de lino para facilitar el…
La
receta que os damos hoy es rápida de preparar. Es un plato que tiene muy buena
presentación en la mesa; un toque se aire sofisticado si tienes invitados
imprevistos de última hora: quiché de
espinacas y queso.
Comenzaremos
cortando una cebollamediana en trocitos pequeños y lo
sofreímos junto a 2 ó 3 dientes de ajos
enteros. Cuando esté ya bien doradita la cebolla le añadiremos 300 gr de espinacas. Si son frescas el sabor es mucho mas intenso, pero
también nos sirven las que vienen congeladas. Estas últimas las podemos poner directamente
del paquete sin descongelar. Un poquito de sal
al gusto y lo vamos rehogando a fuego medio durante unos 10 minutos.
“Las espinacas entre otras propiedades
inhibe la aparición de tumores cancerosos,
especialmente el cáncer de pulmón. También se ha demostrado que previene la
aparición de enfermedades del corazón.
Por su alto
contenido en agua son idóneas para dietas de adelgazamiento por ser fácilmente
digeribles y ricas en fibra. Son ricas en vitaminas ( A,B C,K y E), potasio ,
calcio y fósforo. Por su alto contenido en zinc y en ácido fólico resultan muy
adecuadas para el embarazo.
Es una planta rica
en hierro, por lo que resulta muy adecuada para combatir la anemia.
Son muy adecuadas
para el aparato circulatorio por su capacidad de eliminar colesterol, combatir
la arteriosclerosis, disminuir la hipertensión y evitar los ataques al
corazón.”
Mientras,
en un bol aparte batimos 3 huevos,
añadimos 100 ml. de nata líquida , 75 gr. de queso ricota o similar en trocitos y las espinacas rehogadas sin los ajos y lo mezclamos todo bien. Importante
no olvidarnos del “toque especial” que le da la nuez moscada, pudiéndole
añadir una pizca a la mezcla.
“La nuez moscada ha sido utilizada por
la medicina China durante siglos como calmante, para bajar la presión arterial
y aliviar todo tipo de trastornos digestivos. Se preparan aceites de masajes
connuez moscada para aliviar los doloresen las
articulaciones y la inflamación.
La nuez moscadase utiliza
normalmente como condimento. Si nos gusta lanuez moscaday se la ponemos
frecuentemente a las comidas obtendremos un estímulo en el sistema cardiovascular,
reforzamos la concentración, es expectorante, reduce la inflamación de las
articulaciones y facilita al hígado la eliminación de toxinas.”
En
un molde redondo colocamos una lámina de masa quebrada, que podemos adquirir en cualquier supermercado (...de momento...), extendemos dentro la mezcla de
forma uniforme y… al horno! Eso si, hay que calentarlo previamente unos
minutos. Tendremos el quiché en el horno a 175º un cuarto de hora; transcurrido
este tiempo cambiamos a la opción de grill
otros 10-15 minutos para que se dore un poco la superficie…
…y
listo para comer!
El quiché de espinacas y queso se puede
comer templado o a temperatura ambiente, a gusto de los comensales.
Para que no se os pegue la masa quebrada del
quiché cuando se esté cociendo en el
horno, untar la base y las paredes de la
bandeja con aceite y después la enharináis bien, luego podéis poner la masa encima y ya no se os
pegará.
¡Importante
mamás!Ideal para los más pequeños de la casa. No notarán el sabor
de las espinacas. Dato a tener en cuenta.