Una
de las cosas que se pueden hacer durante las 7 u 8 horas de tránsito que le
puede tocar hacer a uno en el aeropuerto internacional de Sao Paulo, es
disfrutar del Pão de Queijo, pan de queso o pan de yuca. Bueno,
también se puede buscar una zona de embarque tranquila para echar un sueñecito,
o pasear por las tiendas duty free…
“El pão de queijo o pan de queso es una receta típica de los
estados brasileños de Minas Gerais y Goiás. No se sabe ciertamente su origen,
pero se especula que existe la receta desde el siglo XVIII, más se popularizó en
el Brasil a partir de la década de los 50”
Por
unos reales se puede comprar dos o tres de esos panecillos y compensar en algo
la espera (y un cortado).
Me
han pasado esta receta:
Bien
fácil de hacer en casa. Se mezcla todo junto con la batidora o algún otro
aparato similar, salvo la mitad del queso que se lo añadimos después de estar
todo mezcladito y removiendo con una cuchara. Así se quedarán esos trocitos de
queso fundido entre medias al hornear. Sal, como siempre, al gusto.
La harina de almidón de mandioca es muy habitual en la cocina sudamericana; en otros países se puede encontrar en tiendas donde venden productos de esta zona.
Saldrá una masa líquida similar al de las magdalenas, que echaremos en moldes metálicos o de silicona usados también para estas últimas. Al horno un poco pre-calentado, a 150º o 170º, encendido por abajo y en 25 minutos, 30 a lo sumo deben de haber subido. Que esté el pan de yuca o pan de queijo dorados por encima.
Qué
aroma recién hechos!!!... Qué cosa más rica!!!...
Creo
que nadie puede decir que le gusta cocinar si nunca ha intentado o ha hecho su
propio pan.
Se
que con las prisas del ir y venir, con lo fácil que es echar mano del que hay
en las estanterías de los supermercados o de la panadería que se encuentra más
o menos cerca, no suele ser una opción, pero…
Imaginaos
uno de esos días en los que no apetece salir de casa, pero tampoco estarse
parado, quizás un día de otoño, o de invierno… o simplemente un día que nos
encontramos hogareños… Qué bueno decir: voy a hacer pan casero!!!
Es
tan sencillo… pero tan reconfortante. Pero advierto: hay que mancharse las
manos! No valen aparatos en este caso. Tenemos que imprimirle a la masa nuestra
buena energía, hacerlo con cariño, para nosotros y los nuestros.
Empezamos
por entibiar unos 400 cl. de agua en los que disolvemos dos cucharadas soperas
de azúcar. Mezclamos ahí con los dedos unos 30 - 40 gr. de levadura fresca que es fácil
encontrar en supermercados y panaderías. El agua debe estar, como digo, solo
entibiada, a la temperatura de la mano o poco más; si no, estropearemos la
levadura.
La
dejaremos en el recipiente donde vamos a amasar durante una media hora a ser posible tapada, en zona templada, sin corrientes de aire que la enfríe. Durante este
tiempo se desarrollará la levadura alimentada por los azucares y hará que el
pan leve mejor.
Mientras
podemos ir preparando otros ingredientes y disfrutar de un primer café.
Pasado
este tiempo, en el que posiblemente la mezcla haya adquirido un aspecto
espumoso, empezaremos a irle añadiendo los aproximadamente 900 gr. de harina de
fuerza o de 000 (tres ceros) que vamos a utilizar; pero no todo de golpe. Podemos
empezar por la mitad, y ahí añadimos una o dos cucharadas de aceite y una
cucharadita de postre bien colmada de sal. Y ya os he dicho todos los
ingredientes…
Lo
vamos mezclando todo bien. Primero estará la masa muy pegajosa, pero a medida
que le vamos añadiendo la harina resultará más fácil el trabajarla. Cuando le
hayamos añadido toda la harina, podemos sacar la masa del recipiente en el que
empezamos y seguir amasando en una mesa o tabla de cocina (sin dibujo). No nos
importe, si lo vemos necesario, espolvorear un poco de harina de vez en cuando
sobre la masa para facilitarnos el amasado.
Tenemos
que disfrutar con esto… Aquí es donde le estamos transmitiendo a la masa esa
energía de la que os hablaba antes.
Cuando
veamos que tiene una consistencia elástica, que está ya bien trabajada (no hay
tiempo, no hay prisa…) entonces le daremos la forma que nosotros queramos: de
pan redondo, más alargado, etc., colocándola sobre la bandeja del horno. Aquí
también le podemos hacer algún dibujo con un cuchillo bien afilado pero sin
profundizar mucho, apenas cortando la superficie.
Metemos
el pan en la parte media del horno y lo encendemos a unos 70º C para que leve o
suba durante unas dos horas. Y un pequeño truco… en la parte baja del horno
pondremos un cazo con un par de dedos de agua para que le de humedad a la masa.
Así evitamos que se reseque la superficie y haga una costra que impida que
suba.
Mientras, nos preparamos un segundo café, leemos un poco o podemos escuchar algo de música:
L.V. Beethoven - Sinfonía 7 en La mayor, Op. 92 II.- Allegreto
Al
cabo de esas 2 horas presentará un aspecto más o menos como este:
Pan leudado
Entonces
sacamos el cazo y pasamos a la fase de horneado del pan, a 175º durante unos tres
cuartos de hora o una hora. Aquí también habrá que ir viendo (sin abrir el horno), pues dependerá de algunos factores como el tipo de horno, si es de gas o eléctrico,…
Pan casero ya listo
Os
aseguro que es un pequeño esfuerzo con grandes recompensas. El olor a pan recién
hecho por toda la casa, la satisfacción de hacer algo tan básico, tan
necesario. Os animo. Me lo agradeceréis…
¿Cómo es posible hacer
de algo tan sencillo como el pan, un plato exquisito?
En el centro de
España, en La Mancha, tierra de buen yantar y buen beber, de molinos, de vides,
de Quijotes, los pastores y agricultores se tenían que arreglar el momento de
la comida con ingredientes sencillos y de los que podían disponer allá donde se
encontraban en ese momento: esto es un poco de pan y aceite del zurrón y
unas pocas uvas de alguna viña cercana (con o sin permiso del dueño...)
¡Oh, qué polidas cuchares
tengo de hacer cuando pastor me vea! ¡Qué de migas, qué de natas, qué de
guirnaldas y qué de zarandajas pastoriles, que, puesto que no me granjeen fama
de discreto, no dejarán de granjearme la de ingenioso! (Sancho Panza en el Don
Quijote de La Mancha)
Los más pudientes o
aquellos a los que la parienta más les cuidaba, añadían un poco de carne para
que cogiesen gusto, sofriéndola junto con los ajos antes de echar el pan.
Ustedes mismos...
En definitiva:
1 kg de pan (mejor del
denominado "pan blanco", de miga prieta sin apenas agujeros) 6 u 8 dientes medianos
de ajo 150 cc de aceite de
oliva Sal 2 o 3 racimos de uva
blanca
Hay 10000 maneras de
hacer las migas. Vamos a empezar por una intermedia en cuanto a facilidad y
rapidez, si bien no la más "purista".
Cortaremos el pan en
cuadraditos de aproximadamente un centímetro por lado y lo remojaremos con agua
hasta que estén húmedos pero no empapados. Esta es una parte importante pues si
se le echa poca agua, las migas nos quedarán resecas; si por el contrario nos
pasamos, se nos hará una masa difícil de soltar. Las tapamos con un paño,
y mientras...
Freimos los ajos sin
pelar con el aceite para que dejen la sustancia, sin prisas... que dejen su
sabor sin llegar a quemarse.
"La alicina, compuesto
organosulfurado de benéficas propiedades antibióticas y farmacológicas, es
la causante del característico fuerte olor, sabor y ligero picante
del Ajo Morado de
Las Pedroñeras, rico además, en
azufre, yodo y sílice" (www.igpajomorado.es)
Echamos las migas e
inmediatamente empezamos a remover con un cucharón. Este proceso dura hasta que
veamos que el pan se ha dorado un poquito al tostarse por fuera, pero por
dentro siguen manteniendo su humedad. Puede ser unos 10 a 15 minutos a fuego
medio-bajo. Según removemos le podemos echar la sal al gusto y rectificarla
probando de vez en cuando.
Las servimos en plato
hondo, en pequeños cuencos de cerámica o en pequeñas perolas de hierro con las
uvas.
Delicioso manjar que se come con cuchara cogiendo a la vez migas y uvas. Esperamos vuestros
comentarios o dudas. Buen provecho!!
Cuando
escribí el artículo sobre el pan casero no imaginé que despertaría tanto
interés.
Aunque
por otro lado, como dije, es una gran satisfacción el hacer pan uno mismo
en un momento en el que se deja todo a un lado, se siente hogareño y, sin
prisas ni estrés, disfruta de algo que, en parte, nos devuelve a la niñez,
jugando con la masa, manchándonos las manos, sin pensar en otra cosa… y eso la
masa lo nota, y los que luego lo comen también.
Pero
ese ejercicio de sosiego no siempre se puede hacer.
Si
no disponemos de tanto tiempo, pero no se quiere renunciar a saber lo que
realmente se está comiendo, se puede recurrir a las panificadoras para hacer
pan diario, propio, y sin apenas esfuerzo.
Las
panificadoras domésticas se pueden conseguir por precios entre 60 y 100 euros (Cada
uno que convierta a su moneda en curso) Incluso estando pendientes de ofertas
de almacenes, más baratas.
Panificadora
Ellas
calientan los ingredientes, amasan, fermentan, vuelven a amasar, vuelven a
fermentar y hornean. La mayoría además son programables con lo que podemos
tener pan recién hecho calentito a la hora del desayuno, cuando paremos a
almorzar o al llegar del trabajo a casa para la cena.
Cubeta de amasado y horneado
Nosotros
solo tenemos que ponerle los ingredientes; pero advierto que por lo general no
hay que fiarse de las recetas que traen los libros de instrucciones de las panificadoras. Puede
uno desanimarse si las sigue al pie de la letra. Podrían salirte auténticos
ladrillos.
A
continuación os pongo una receta para empezar, si es que después de leer este artículo sentís el irrefrenable impulso de salír corriendo a compraros una. Está más que probada y es
con la que salió el pan que veis en la foto:
500
cc de agua, mejor entibiada
2 cucharadas soperas de azucar 25
gramos de levadura fresca desmenuzada
700
gramos de harina de fuerza (000)
1
cucharada de postre de sal
1 o
2 cucharadas de aceite
Mejor
si añadís los ingredientes tal como os los pongo pues nunca se recomienda que
la sal entre en contacto con la levadura antes del amasado.
También
comentaros que, si bien podríais poner el agua a temperatura ambiente pues la
mayoría de las panificadoras dedican los primeros 20 minutos a calentar los
ingredientes, he notado que si ya va el agua un poquito caliente, el pan sube
más.
En
la segunda parte de este artículo procuraré poneros algunos enlaces donde
conseguir panificadoras.
Que
seáis felices.
P.S.
Al pan de la foto le añadí unas cuantas semillas de lino para facilitar el…